Hay momentos en los que no entendemos por qué reaccionamos de cierta manera: nos sentimos desbordad@s, ofendid@s, desconfiad@s, a la defensiva… como si todo fuera una amenaza.
Lo que muchas veces ocurre es que no estamos respondiendo al presente, sino a heridas del pasado que aún no han sanado. Y cuando actuamos desde esas heridas, lo hacemos con miedo, con desconfianza, con resentimiento. Terminamos alejando lo que más deseamos: amor, conexión, paz.