Empoderarte significa recordarte que tienes derecho a elegir. Es reconocer que, aunque no siempre puedas controlar lo que te sucede, sí puedes elegir cómo respondes, cómo te hablas y cómo te tratas.
Es reclamar tu voz, tu dignidad y tu valor. No para hacerte más que nadie, sino para no seguir creyendo que vales menos que los demás.